Hebreos 4. 15 y 16 - Romanos 6.23 - Mateo 9.12 - Juan 12. 47 – Juan 3. 14 – Juan 12.32
La gracia resulta, por momentos, difícil de explicar porque no hemos sido entrenados para comprenderla. Calificamos y valoramos a las personas por lo que hacen o tienen. La gente se vuelve importante en cuanto haga y haga “bien” y en función de que posea lo “suficiente”. Las comillas no son antojadizas. Intenta enmarcar dos conceptos que son definitivamente subjetivos. Por cada persona en la tierra podría haber una idea distinta sobre lo que significa hacer bien y sobre lo que es suficiente. Se nos complica comprender la gracia porque esta no valora al ser humano ni por lo que hace, ni por lo que tiene, sino por un concepto mucho más objetivo.
La cruz por nuestro ser
La cruz de Cristo es símbolo de la gracia divina. Jesús entregó su vida de manera sacrificial por todo ser humano. No importa cuanto tenga, no interesa que tan calificado esté en su hacer. Cristo muere en la cruz simplemente por lo que el humano es. Es muy interesante que nos llamemos a nosotros mismos SER humano… porque es precisamente por esto que Cristo se sacrifica: Lo hace por nuestro ser. La gracia nos dice que lo que nos hace valiosos no es nuestro hacer, ni nuestro poseer, sino nuestro ser. Hemos sido creados por Dios y para él eso es suficiente.
El mensaje de la cruz
La cruz, como todo símbolo, regala un mensaje. Es una imagen simple e impactante que me dice al menos tres cosas: Soy valioso, soy necesitado y Dios puede satisfacer mi necesidad. Cristo no me va a desechar en el leprosorio para que la cruel enfermedad del pecado me corroa hasta la muerte. El me ama porque soy creación suya. No importa cuánto tenga ni lo bien o mal que haga. Tampoco importa mi historia, ni mi posición social, ni mis faltas, ni mis frustraciones, ni lo que me hayan hecho. Para él soy tan valioso que merezco el sacrificio. Insisto: No por lo que he hecho con mi vida, sino por mi vida a pesar de lo haya hecho de ella. Pero también me dice que soy un ser necesitado. Me urge, para vivir abundantemente, encontrarme con Jesús y su amor sacrificial. Para recuperar el equilibrio estoy urgido de encontrarme con quien creó la noción de equilibrio. Por razones de lógica pragmática y de inteligencia emocional, declarar la independencia de Dios no tiene sentido: Es absurdo perderme el placer de la relación con Cristo. La Biblia me revela que Dios tiene la intención de restaurarme ante mi necesidad porque me ama y me considera valioso… pero dice algo más.
Titán por amor
A Dios le sobra espalda para hacerlo. No hay monstruo tan temible y poderoso que lo contenga en el rincón del cuadrilátero. Él salta al centro del ring porque me ama y luchará hasta la muerte, y hasta con la muerte, por mi amor… y como la muerte es un ogro maligno que solo se lo vence burlándose de él, es capaz de entregarse en sus crueles brazos para que ría burlonamente… solo para que termine descubriendo que quien ríe último ríe mejor. La gracia de Dios se corona con esa enorme carcajada divina que declara su victoria sobre el más temible adversario. Ríe sonoramente y busca mi mirada cómplice… porque para él soy valioso, no por lo que tengo o hago, sino por lo que soy.
por German Ortiz.
Fuente: http://www.apuntespastorales.com/
No hay comentarios:
Publicar un comentario